Fuentes web
Entradas
Comentarios

23-02-2012

Cuando cargo mi tarjeta bip inevitablemente se me cae alguna cosa al suelo: un billete, alguna tarjeta, la billetera. Siento que me veo tan ridículo buscando papelitos mínimos mientras la cajera me espera, mientras la cajera -siempre ansiosa de trabajar- ve a la persona que está detrás de mí, lista para cargar su tarjeta bip con mil pesos.

Debido a que mi oficina no tiene ventanas, llega un momento del día en que me imagino que afuera en la calle ya llego el otoño, con ese maravilloso frío. Pero es verano, es febrero, y hacen 32 grados. Recuerdo a los mineros que estaban bajo tierra. Algún “síndrome” debe existir para esta curiosa sensación de estar ajeno a la calle. En realidad: algún “síndrome” debe existir para una gran cantidad de cosas.

Un resumen de las incoherencias del mundo es que el personal de Recursos Humanos de una empresa no salude a la gente, especialmente a las “personas” de los escalafones más bajos. Un jefe de Recursos Humanos, junto con sus principales asistentes, deberían ser unos “ned flanders” del saludar. Pero estamos en Chile, en el país de las incoherencias sociales casi absolutas, un país donde queda mucho de feudalismo.

Me acuesto a las 2 de la mañana sabiendo que debo levantarme a las 6. Mi teléfono celular se echo a perder. Por lo tanto no tengo alarma. Me doy cuenta que no hay ninguna alarma en mi casa que no sea la de los celulares. Pongo la alarma de la TV, pero caí en la cuenta de que si se cortaba la luz durante la noche eso me podría costar un problema mayor en el trabajo. Puse el reloj gigante de la pared junto a mi almohada. Inevitablemente me veía como un Mr. Bean. Una feroz pelea de perros me despertó a las 4 de la mañana. Salgo al balcón. Vicuña Mackenna desértica. No hay sueño. No hay nadie más en este departamento. No hay nada más que perros vagabundos buscando a la única perra de la noche que está ovulando. Una novia alemana que no deja rastro.

5.50. Ducha de agua caliente. Dejo unos huevos calentando para hacerlos a la copa. 6.00 Tomas Mosciatti en la radio. Mi mejor camisa. Mi mejor pantalón. Poco bálsamo para que se me formen rulos en el pelo. Me compré un paquete de pan de molde para toda la semana. Lo dejo en el refrigerador. Me voy al trabajo. Dejo todo desordenado y siento que el departamento me pide que lo deje desordenado, todos se merecen algún tipo de desorden (qué no lo van a saber los curas pedófilos y las mojas homosexuales, o los niños y las niñas enamoradas de sus mascotas, aún en la naturaleza de su propia historia).

Jefe enojado. Jefe nervioso. Jefe a punto de llorar. Un hombre antiguo. Hay un problema sociológico detrás. Me ocuparé de ello. Veo a la Doctora Cordero en la tele. Bruno dice: “las medias salías de la vieja”. Tiene razón. “¿Has visto a un milico con criterio?, preséntamelo por favor”. La División Social Del Trabajo. Editorial AKAL. Veo los subrayado de cuando lo leí hace ya casi 13 años. Unos subrayados de frases demasiado obvias ahora. La vida nos apura, pero vivo al día. Menos mal que las metas para el Balanced Scorecard de este año son fáciles. La proactividad es importante, pero en el puesto de una secretaria, o en un puesto donde hay un canal de transferencias de información de documentos es el doble de importante. Y ser proactivo no significa para nada ser intelectual. El amor en tiempos de verano no tiene nada que ver con el amor en tiempos de invierno. Los errores de la vida en verano son errores del verano, y en invierno son errores de la vida. Presuponer el tiempo perdido es perder. Lo que quiero cocinar cuando me paguen es chupe de jibia. Colecciono frases para tatuármelas en la espalda. En las oficinas todos van a ocultar su miserabilidad a Cuba, con los agentes de turismo que mas que explicitar la belleza de los lugares explicitan la peligrosidad de la gente, los mandos medios y bajos van a Buenos Aires por su cuenta y se encuentran con el peor calor para experimentarlo. Si todos supieran la gratuidad de las pequeñas cosas de la vida las compañías aéreas quebrarían.

¿Porqué hay restaurantes que sirven una bolsa de té en taza chica? Quizá esta bien para un té de hoja. Pero una bolsa de té en una taza pequeña es irresponsable. Lo flaite no es que te insulten o que te alaben en las redes sociales, lo flaite es hacer teoría de ello, escudándose en una patética y ridícula ciencia. Las ex que se vuelven lesbianas parecen tener una alegría tan artificial, de cualquier manera una artificialidad elegante. ¿Ir a ver a Bob Dylan o a John Zorn? Alguien tiene que tener la certeza de que Pucón, ahora, es muy flaite y el queso filadelfia ya no se usa. Bajé “La ansiedad de Veronika Voss”, no encuentro los subtítulos.

En Aysén se tomaron una comisaria. No sé qué sentido tiene capturar a manifestantes si, en buenas cuentas, es mucho más fácil tomarse los tribunales de justicia. Tiene mucho sentido este punto de vista. Este gobierno que criticó la demora en declarar Estado de Sitio para el terremoto, ahora le toma el peso a tamaña -y nunca fácil- decisión. Por supuesto que nadie quiere que se declare Estado de Excepción Constitucional, pero: ¿El estado de Derecho es el paraíso? Esta dicotomía es algo bien convencional. Los abogados amplían conceptualmente algo que se puede explicar con literatura y que todos saben: nada más ni nada menos que la injusticia. La primera regla para no caer en cólera es saber que estamos perdidos, que alguien nos está engañando, desde los bancos hasta las personas que ahora mismo me están escuchando.

Llamar a todos los servicios con los cuales mantengo una deuda y preguntar, simplemente: “¿cuánto les debo?”. ¿Debo pensar algún tipo de argumento para desaparecer de las redes sociales (es decir, para desaparecer)? Como si la calidad de la vida se midiera por ese gesto: tengo tan poco tiempo. Una ex-novia en la pantalla de una red social o en la bandeja de entrada siempre es solamente una posibilidad, aunque te poste cosas muy explícitamente bonitas y alentadoras. Estoy bajando un set de películas para ver: 500 Days of Summer; La ansiedad de Veronika Voss; Paris, Texas; Pina; La vida de Los Otros; y, en general, muchas de Herzog y del nuevo cine alemán. Muchas cosas de la vida pasan al olvido y nos obligan a vivir el presente. Una relación de desconfianza no es nunca una relación de amor, es como jugar al poker: escondo mis verdades, escondes tú las suyas, mientras el día a día nos muestra si avanzamos o retrocedemos.

Podríamos hacernos, junto a c., unos acérrimos fans del Athletic del Bilbao, más allá del Dr. Bielsa. Estos pasajes, estos tropos, cobran sentido a semanas del otoño. En el otoño ya seremos unos ciudadanos y el amor será tan rudimentario, con horarios, días y situaciones estructuralmente definidos para los orgasmos. Me gustaría ir a Bilbao. Escuchar Song of Bilbao de Pat Metheny. Visitar Bilbao por fines seria arquitectonicos y futbolisticos seria ideal.

Sigo pensando en las omisiones, en las autocensuras, medidas siempre con la vara de la razón y del miedo. Me voy a disfrazar de hippie. Voy a usar algunas pulseras. Las gratuidades de la vida. Me estoy haciendo adicto a almorzar solo vegetales y a tomar té todo el día: yo me las arreglo con té. La montaña es (siempre) la montaña. Con 30 flexiones de brazos seguidas me cagué la espalda. ¿Será un buen atributo tener la piel suavecita? Tengo ansiedad de pepino con crema de yougurt, acompañando a un buen chupe de jibia.

13 – 02 – 2012

Es viernes. Mientras camino desde la Torre Entel hasta mi departamento en Plaza Italia pienso, o más bien me cuestiono, si es siempre deseable ir a la playa. Puse en cuestión esa premisa grandilocuente, solo una cuadra o tal vez unos minutos. Hace un calor de febrero. En la literatura oficial los grandes escritores de Europa dirían “hace un calor de julio”.

Llego hasta mi departamento. Me saco, como de costumbre, toda la ropa transpirada. Una ducha de agua helada urgente. Escucho en la radio noticias contingentes que esta vez me aburren. Las escucho solo para la coherencia con mi vida cívica: la inflación subió un 0.1% debido a que es verano, la tasa de interés puede bajar según el Ministro de Economía, el gobierno de Siria sigue con su tiranía, etc. Con la toalla en la cintura me siento en el sillón. Me quedo dormido. Debo llegar a San Bernardo. Un tío me llevará en auto a la cabaña que mamá ha arrendado. A las 9 de la noche partimos. Mi tío me explica cómo llegar a San Bernardo. Parece alegre de saber las indicaciones, como un hombre clásico, que sabe de calles, caminos, de recorridos de micros y buses, de las mejores opciones para tomar. No hago caso a las indicaciones y tomo un taxi hasta el Paseo Bulnes, y allí tomo un colectivo. En la mochila incluí un set de documentos que tienen que ver con la meta de eficiencia institucional que le han asignado a mi departamento y que seguramente voy a tener que diagnosticar, documentar, ejecutar y concluir. También incluí una revista del centro de estudios públicos. Pero también incluí dos libros que estaban en mi biblioteca, que seguramente alguno de mis amigos o tal vez amigas dejó olvidados. Carta al Padre, de Kafka y Del Caminar sobre Hielo, de Herzog. Este último, lo leí tranquilamente mientras esperaba a mi tío, mientras él preparaba el auto (los índices de aceites, la cantidad de combustible, etc.). Maravilloso relato de Herzog donde la oscuridad es el elemento, es decir, maravilloso relato. El libro de Kafka lo leí entre la playa, entre niños tirándome arena, entre las promotoras de Entel, entre toda clase de personas comunes que pasean por la playa de El Tabo. Todos soñamos con una carta así, al padre, o quizás a la madre.

Mi tío echa a andar por la parte trasera de San Bernardo. Salimos al Cerro Chena. Tomamos el Camino Catemito. Llegamos a Calera de Tango. Un taco. Siento mi pulso un poco raro. Tomo agua mineral en exceso. Luego llegamos al peaje pasado Melipilla. Otro taco. El aroma de los bosques se mezcla con el olor a motores de los buses que llevan a un gran porcentaje de personas que viven en la capital de Chile y que van a pasar sus días, sus vacaciones, o simplemente su fin de semana a la costa. Prefiero, indudablemente, la costa en invierno. Este párrafo parece sacado de la parte trasera de un diario, o de una revista de viajes. ¿Qué vergüenza?

Al llegar a Cartagena otro taco. Tenía muchas ganas de mear. Unas ganas tan abundantes que me quede muy callado y nervioso, aguantando. Me había tomado una botella de dos litros de agua mineral, sin considerar que el viaje que normalmente dura una hora y media esta vez duró tres horas. Quedo absorto por una cantidad indescriptible de razones, no solamente por las ganas de mear. La playa, todo lo que significa el litoral de la quinta región, un viernes por la noche, todos esos jóvenes escuchando la música que se dictamina cada verano como la legítima, con los peinados siempre detestables. Absorto. Y se nota que hay varios jóvenes absortados, que caminan por las ferias artesanales, tiernamente junto a sus padres, y que estoy seguro que preferirían haberse quedado en Santiago. De cualquier manera, estos días han sido raros en mis días en el sur, y en mis días en la playa y, desde luego en Santiago.

Siento que debo agarrarle la manija a este año. Por ejemplo: en el trabajo estaba nervioso por no haber terminado el balaced scorecard del año 2011. Lo terminé, me fui al sur. Llego a la oficina esperando recibir noticias sobre esa labor. Pero ahora una nueva labor: se trata de una meta de eficiencia institucional. El viernes mi jefe me dice que el balanced scorecard también se va a realizar. Obviamente, como suele pasar, las mismas metas y tareas se incluirán en proyectos distintos. Tal vez cambiaré algunos indicadores. Es como cuando Bolaño participaba (Sensini) en varios concursos de cuentos y solo le cambiaba el nombre al cuento, y alguno que otro párrafo. Me quedé hasta las 11 de noche el otro día preparando un archivador con los antecedentes de una tarea. Durante el día: trabajo empírico y fome, arreglar facturas, solicitar órdenes de compra, solicitar antecedentes para el pago de facturas, subir información de la contabilidad a los sistemas informáticos, cambiar perfiles administrativos en el Sistema Informático que procesa la documentación. Fome. Termina el día y comienza la verdad: preparar diagnósticos de las metas anuales vinculadas a las metas, siguiendo patrones normales y razonables de trabajo que se estudian en la universidad, en escuelas de postgrado, pero que en buenas cuentas cualquier persona razonable sería capaz de seguir. Todo es un poco más entretenido cuando hay que redactar.

En la playa llego con la idea de tomarme una sopa nocturna. Antes que eso entro al baño y meo tranquilamente. Recuerdo que no podía enderezarme de tanto meado que tenia sin depositar. Entonces me parecía a Marcelo Bielsa caminando con la espalda direccionada hacia el suelo. Esa noche soñé que con mi primo éramos narcotraficantes, y que tenía muchísimo dinero, y que de ese dinero sacaba un millón de pesos -en billetes de diez mil- para ir a comprarme un pendrive. Terminaba comprando un pendrive en un mall en San Bernardo. Entonces no me gustó y lo boté a la basura a penas lo compré.

En una mano tengo una factura que debo tramitar para que el departamento de contabilidad cancele el monto, con la otra mano escribo “Leo-pol-do Ma-ría Pa-ne-ro”. Busco algún libro de él en Internet. Hace unas semanas soñé que me enamoraba de una amiga: qué irrealidad más grande. Pienso en que a r. le debe resultar muy fácil escribir su Diario y publicarlo, en sus circunstancias. Cuando ya no hay nada que se pueda perder resultan cosas tan hermosas. Sin autocensura no hay ese secreto con el cual trabaja la historia de la literatura y su doxa. La clase de cosas que se oculta es la clase de cosas con las cuales una extraña coraza -que a la vez es una extraña ametralladora- se genera en nosotros.

Comencé, hace unos días, a ver The Walking Dead. Al principio me gustó, pero a poco andar comencé a fijarme excesivamente en las actuaciones y, de verdad: hay algunas actuaciones pésimas como la de Sarah Wayne Callies (busqué en internet como se llamaba, porque hay que dejar en claro que uno no sabe).

Está bien. Uno no puede ser tan burgués como para odiar el litoral central y su paisaje que se forma en febrero. Y tampoco uno puede ser tan burgués como para exiliarse, de preferencia en Isla Negra, de toda la cotidianeidad del litoral plagado de veraneantes. Pero como mínimo uno puede soñar que, el gran patio de Santiago, la gran piscina de Santiago, tenga una calidad muchísimo mejor.

¿Y la literatura?, ¿qué clase de cosas han pasado que me he comprado zapatos y camisas muy elegantes y, en cambio, he dejado de comprarme esos libros potentes? Marcela S. me vuelve a insistir en que termine mi libro de poemas. Veo que se abrió el concurso para los cuentos de 100 palabras. Quizás vuelva a participar. Sería maravilloso tener una falsa mención honrosa y poner, a nombre de mi abuela y de mi madre, o de mi tía, algún cuento.

A veces se me ocurre una frase para twitter. Pero, debido a que el contexto de la vida se ha tornado de carne y hueso, uno deja de interesarse por las herramientas externas. Y cuando la vida se vuelve impalpable, entonces son necesarias todo tipo de “tecnologías del yo”: incluyendo desde redes sociales virtuales, cámaras fotográficas, posturas desafiantes ante la mismidad de uno mismo, y quizás una que otra borrachera.

Cuando paseaba por los estacionamientos de la playa de El Tabo, veía los vidrios de los automóviles sucios. La mayoría de los vidrios decían “lávame”. Me moría de ganas de escribir “lo simple es sexy”.

En un momento del viaje con mis tíos hablamos de los trabajadores de Madeco que fueron torturados, de ese tipo de empresas que quedaban en la calle Ureta Cox, o en la calle Carlos Valdovinos. Entonces, recuerdo que ese tipo de cotidianidad, en esos barrios semi-industriales, me encantaba. Sentía que ese tipo de maquinarias eran parte del bus marca Scania que nos llevaba, cuando niños, a la playa de Llo-Lleo.

Algunas páginas del libro de Herzog están marcadas justo cuando habla de películas Kodak. Entonces pre-supongo de quien es el libro. Una cita del otro libro que leí, el de Kafka: «Casarse, formar una familia, aceptar todos los hijos que vengan, mantenerlos en este mundo inseguro y, más aún, hasta guiarlos un poco, es en mi opinión lo más que un hombre puede lograr en general. Esto no lo desmiente el hecho de que aparentemente lo logre con facilidad tanta gente, pues en primer lugar, de hecho no lo logran muchos y, en segundo lugar, esos “no muchos” por lo común no lo “hacen”, sino que meramente les “sucede”» (Carta al Padre).

Así es: ¿cuántas cosas solamente “suceden” en la vida? Me acuerdo de Neruda y su “No Hay Olvido”. Todo simplemente sucede, desde las infidelidades, hasta cumplir años, tomar un libro, leerlo sin haberlo subrayado, dejar que el tiempo ocurra en una geografía tan cotidiana como un verano en El Tabo. Todo simplemente sucede y lo que resulta nunca es lo que se hace, lo que alguna vez se planeó. Ahora recuerdo una frase: “no quiero tener otro hijo para criar, quiero tener un hombre”. Esa frase es tan patéticamente retórica que puede ser tomada como elemento para demostrarse como mujer derecha y estable ante amigas visiblemente indiferentes que dicen simplemente: “si, toda la razón amiga”. ¿Cuántas frases de la retórica convencional están por allí dispuestas para hombres y mujeres que pretenden mostrarse originales y versátiles frente a otros seres que aparentemente solo se muestran como receptores? Ricardo Arjona es todo un experto. La vida de oficina, lugar donde paso la mayoría de mi tiempo, está llena de frases retóricas que se han impuesto como oficiales (más allá de la retórica): “junto con saludarlo, me dirijo a usted…”.

13-02-2012

Mis días en Tirúa.

Desaparecí unos días. Fui a Cañete. En realidad, casi al llegar a Tirúa. Dejaron de importarme las noticias que ha estas alturas se presentan como una novela malísima: un presidente que pide a los partidos políticos que se pongan de acuerdo para reformas políticas, que para ello invita a todos los ex presidentes vivos, unos partiditos políticos que logran el acuerdo para que, finalmente, un presidente vuelva a decir: las reformas políticas no son la prioridad. Ante eso agarro mi libro de Eric Hobsbawm, el que saque a modo de lectura veraniega. Pero el paisaje cultural abruma. Está ultimada la figura real de una autoctonía, la práctica de esa misma autoctonía. Vine a estos mismos lugares hace 6 años, después hace 4 años y ahora, y veo la evolución cultural. Antes llegaba a Cañete, en el bus que te deja a las 7 de la mañana en el pueblo, y las especies de machis deambulaban en espacios, en paraderos de micros de madera vieja, de madera vencida por el humo invernal, hablando en mapudungun. Los autóctonos, las víctimas de una confabulación  económica y cultural impuesta desde “Chile”, allí deambulaban, a veces borrachos, a veces enojados, con esos rostros duros como martillos gruesos. De eso ya no queda nada, o muy poco. El terminal de buses es absolutamente moderno. A modo de ejemplos: Le pregunto a un pequeño sobrino que tengo, que se llama Jean Pierre Pilquiman, que quién le ha regalado ese celular. Me dice que se lo compró con la plata de la beca que le dan en la escuela; En la plaza central de Cañete, un stand de Inacap enseña a todos la tecnología kinect para play station 3 a pantalla gigante (Internet y las antenas digitales también han hecho lo suyo). Llegando al pueblo, en el bus, unos niños jugaban (escuchaban a los washiturros) con celulares touch mucho más tecnológicamente avanzados que los míos; En términos religiosos (cuestión fundamental en este contexto): la religión evangélica se ha impuesto como la gran constructora de las prácticas que guían la convivencia y la cosmovisión humana.

De la antigua mitología mapuche se paso tan directamente a una religión instrumental como de los antiguos sistemas operativos informáticos a la tecnología touch. Ese es el paralelo. No se necesitaron años de evolución social. Esta es una pequeña revolución rusa en la mitad de este país. Sin embargo una gran parte del país, y por supuesto con la ayuda de un Ministerio del Interior, cree que hay una gran fracción de mapuches violentos dispuestos a practicar el terrorismo de estado con diversos objetivos. Esa gran parte del país debería comenzar a barajar sus teorías sociológicas en un contexto donde la alta tecnología, con todas sus consecuencias culturales, ha llegado para siempre.

Este año se expresó un movimiento estudiantil, y quizá el próximo año se exprese un movimiento que dé cuenta de las injusticias en el campo de la salud. Con mucha suerte habrá una renovación en la forma en que elegimos a nuestras autoridades y una reforma de la constitución. Pero llegó un aire primaveral.

Si hay una escala de campos de ejecución de lo social, debe llegar el minuto en que el campo del arte sea descubierto en su inserción en el entramado de las injusticias sociales. Es una idea rara, una idea rara entre los mismos cientistas sociales y, más aún, entre el sentido común. Pero ¿es realmente una idea rara pensar que pudiese existir un arte vanguardista que este chuteando la pelota para el otro lado (un lado que ni siquiera, aún, se avizora)? Es rara en su formalidad, pero no en su finalidad. Las formalidades, sobre todo las vanguardistas, siempre han carecido de sentido para el “correcto” sentido común, pero hay que notar que no es una idea tan rara el hecho de pensar, ahora, hoy (no en los 80 o en los 90), que hay cierto “arte vanguardista” que facilita el campo, por supuesto en términos formales pero, además, en términos reales, al neoliberalismo, a todas las “primeras escenas” del mundo.

¿Siempre hubo algo raro en la mera expresión de la realidad? Claro, está la tradición realista en el campo plástico, el panteísmo o el naturalismo en la música y en la danza.  Pero la vanguardia vino a imponer este debate, este juego entre arte y política, este debate que puede hacerse demasiado eterno. El debate mismo corre el riesgo de tener parámetros demasiado sofisticados, demasiado pedantes. Es fácil que el debate se contamine tratándose de un análisis de formas.

Hay un vanguardismo. Eso está bien. Nadie quiere bailar la miserable cueca toda la vida. Es hermoso como se impone la lógica ilustrada contra el simple naturalismo, o contra el mero humanismo, contra lo solamente humano. Pero hay vanguardismos que son condescendientes con el neoliberalismo y con todo el aparataje social que eso implica: hiperindividualismo, un “nuevo” reparto de lo sensible, o más complejamente: minimalismos más legítimos que otros.

No hay para que empavonar el entramado categórico del arte estudiando historia del arte (que no es una carrera sin sentido, lo que sucede es que existe una legitimidad de la historia del arte que es directamente proporcional a la profesionalización de las estéticas y, peor aún, a la mercantilización directa de los artistas y sus estéticas) si se va  a hacer un análisis ligado mas a la “sociología del arte” que a la mera ”crítica de arte” o a la filosofía estética.

El sentido común (no el “common sense”, sino que el sentido más común de los comunes) es la herramienta perceptiva para entender lo que ya sabemos.

Entonces, elucidar la realidad desde el naturalismo, o desde el panteísmo es perfectamente bello para los momios. Elucidar la realidad desde las vanguardias es un problema. Porque una vanguardia siempre tiene, por lógica, que provocar, que hacer un llamado a cuestionarse a la misma realidad. Pero cuando un sentido común ya está aburrido de una vanguardia, cuando siempre es lo mismo, entonces deja de ser vanguardia.

En años como este uno necesita avizorar posibilidades. ¿O la estética vanguardista necesita de la sociedad para ser ejecutado? Hay una premisa: una vanguardia deja de ser vanguardia cuando aburre. No sé si les pasa a ustedes, pero a mí ya me ha pasado con Parra (con todo el cariño que le debemos a Parra).

El sentido común necesita ver sus posibilidades, la posibilidad de una gran revolución o la posibilidad de una pequeña liberación. Ya hemos experimentado el sufrimiento del capitalismo transnacional, ya sabemos que un cuadro rojo es la furia, que una casa de vidrio es el ya, a estas alturas, absolutamente normal (y hasta ordinario) destape corporal.

¿Qué significará que el movimiento social llegue hasta el campo del arte?, ¿es una lucha decisiva dentro del plan de alguna izquierda?, ¿hay un arte vanguardista revolucionario? El problema es que un arte revolucionario debe ser, como mínimo, vanguardista.

El arte revolucionario no solo muestra el horror, sino que abre la posibilidad de una liberación de las ataduras “estéticas” del sujeto (para convertirse en una liberación de la subjetivad completa). Una crítica luckacsiana es la base para este tipo de argumentación. Una historia de presidentes de Chile colgados en el museo del palacio de la moneda: mostró el horror de la historia y sus representantes, pero no significó (ni ha significado) un gran avance en la estética del pueblo.

Es lo que ha sucedido, en el campo artístico chileno, desde mediados de los 80 hasta hoy. Hay toda una amplia gama de artistas que nacieron como vanguardia, pero que ahora se han convertido en una especie de línea editorial de los gobernantes.

En Salvador Dalí se puede encontrar la elucidación de la miseria del capitalismo, con el grito de Edvard Munch podemos decir que los seres humanos somos una miseria. Y el juego de la historia posterior se ha encargado de hacernos notar el triunfo de estas obras como meras obras reducidas al campo estético. Hay otra clase de arte que, a estas alturas, parece una insignia frente a la “choreza” de las vanguardias: Los murales de Siqueiros o de Diego Rivera, o la poesía de Neruda. Se podría decir que aquí hay un “interés”, frente al “desinterés” (kantiano) de las vanguardias que han sido coaptadas por el mercado.

Porque, en realidad, el trasfondo filosófico de esta crítica lukacsiana (Georg Lukács), que en realidad es una crítica meramente social, estética, es el desinterés kantiano. Pero, en buenas cuentas, uno prefiere pensar que la gente sabe, o está en vías de saber, de apropiarse de lo que lo corresponde. Así como ocurre con la educación, deberá ocurrir con la salud, con sus pensiones, y también con su vanguardia estética.

 

F.L.

F.L. Diciembre 2011

astucia quebrada

Con la astucia quebrada escribe mi boca no es más que un triste flagelo. El viento que llega del sur trae su estúpida metáfora, y el sur son todos los lugares donde he quemado el futuro, donde he dejado de existir. Pero se nace, el cemento es la semilla suprema. Los viernes por la noche unas mujeres que leen sus poemas, la vida así explica la boca quieta. Su quietud es el fenómeno interdicto.

Jazz


El marxismo hay que mirarlo a 400 años plazo.

*

Diría que hay algo en el blowjob que tiene que ser húmedo, o más que húmedo, mojado. ¿Qué significará, psicológicamente, el sexo oral? Me acuerdo de un libro que vi en la biblioteca del campus oriente con ilustraciones sexuales en la historia del arte, donde lo más impresionante era, desde luego, el arte rupestre, un arte bien lamible, como cuando un perrito le lame su parte a una perrita, con una lengua babosa, una lengua bien aguada. ¿Por qué tiene que ser -el blowjob- tan seco?, ¿por qué tiene que ser tan práctico? , ¿por qué no hacerlo simplemente porque sí, sin la efectividad de la explosión del liquido seminal? No, no importa. No importa nada. Quizá esto tiene que ver con el marxismo sexual. Una idea loca. Desde luego hablar de sexo es un tipo de sexo. Ver el líquido seminal saliendo de la vagina lentamente, manchando la cama. Ya supe que eso se llama “creampie”, y ese término suena a comedia norteamericana. Reducir en un concepto algo más complejo que siempre está entre la poesía y la verdad: el sexo. Eso tiene que ver con llegar no tan adentro, y con no haber eyaculado antes ¿O no? Me voy a morir creyendo que la palabra “jazz” significa ese líquido que se genera entre la vagina y el ano femenino y entre el pene, sus testículos y el ano masculino. En medio de un motel del barrio Brasil una pareja de estudiantes tiene sexo, y es verano, y son las 4 de la tarde, hacen 33 grados en Santiago, y ese líquido de transpiración que amolda los cuerpos es un aceite que adquiere un aroma particular, ese liquido también puede llamarse jazz. Todo tiene que ver con la liquidez que podemos darnos a nosotros mismos. Todo, en la vida.

*

Mozart se puso de sobrenombre Amadeus: ama a dios.

*

En el caso de la colusión de los pollos no existe terrorismo, aunque estemos todos cagados por los precios. En la estafa de la polar no existe terrorismo, aunque sea un porcentaje considerable de la población la que estuvo afectada. El terrorismo.

*

Un nuevo estudio de la OCDE dijo que Chile es el país con mayor desigualdad de los ingresos. Aquí nos dicen esas cosas tan graves y la gente sigue pensando, a lo homero simpsons, en que carne comprar para el asado, y esta noticia por supuesto no es un titular en ningún diario.

*

La Cathy Lean me cayó bien. Y me cayó bien que a m. no le gustara tanto su música y que no escondiera esa poca fascinación en ningún calzón. Qué bueno que John Zorn viene a Chile. Lo voy a ir a ver sin lugar a dudas.

*

Volví a correr una maratón. Fue como en los mejores tiempos. Pensé que iba a decaer, pero nada sucedió. No pensé que tenía tan buena elongación.

Necesito.

Necesito:

1)   Necesito una mochila.

2)   Necesito un par de calchunchos calvin klein apretados de los blancos.

3)   Necesito poleras de colores (tengo pura ropa negra y blanca).

4)   Necesito los diarios de kafka.

5)   Necesito el tokio ya no los quiere (que está a dos lucas en el campus oriente como dijo la m.) para revenderlo.

6)   Necesito unas nike air (como siempre).

7)   Necesito los zapatos guante de 50 lucas (pero la empresa se raja con eso).

8)   Necesito ir a vtr a saldar mi deuda.

9)   Necesito aumentar de 1 a 3 los días de gimnasio.

10)        Necesito cortarme un poco el pelo con la argentina rica y tonta de siempre.

11)        Necesito aumentar de 1 a 2 o 3 los correos semanales al profe de tesis.

12)        Necesito dejar de soñar con hormigas que me invaden y con gallinas muertas sobre el césped (ayer soñé que los pasillos de mi empresa eran pasillos de supermercado, y yo trabajaba con delantal blanco).

13)        Necesito que mi papa y mi mama empiecen a tener aspecto de abuelos (todavía algunos creen que mi mamá es mi hermana).

14)        Necesito terminar el hombre duplicado de saramago.

15)        Necesito una nueva cadena para la bici.

16)        Necesito mañanas más calurosas, días más templados y noches más ricas.

17)        Necesito la tele del r. que tiene la b. El engel ve puras películas del 9 y del 4.

18)        Necesito esconder la estufa del verano.

19)        Necesito ver Merry Christmas Mr. Lawrence. Y que todos y todas vean “El sabor del té”

20)        Necesito un nuevo cinturón de cuero Saville Row, una camisa Basement  y otra Arrow. Se acabó el hueveo. Hay que asumir una elegancia.

21)        Necesito unos pantalones Basement también.

22)        Necesito un perfume que no sea flaite, es decir, ni el Acqua Di Gio ni la horrible cantimplora Hugo Boss.

23)        Necesito, pero de verdad necesito ver “Un informe sobre la banalidad del amor”.

24)        Necesito escuchar a los ángeles negros para entender una belleza nueva (Gigi Caciuleanu).

Anotaciones. 12-XI-2011

Me he convertido en un fanático del teatro. Hace unos días fui a ver, a Matucana 100, la última de la compañía La Patogallina, “Extranjero, el último Hain”. También fui a ver “Padre”, de la agrupación teatral La María. ¿Qué mejor ejemplo para la sociología del arte? Proyecciones estilísticas psicologistas, ilustradas, versus otras proyecciones estilísticas realistas, históricas. Detalles populares, detalles ilustrados. Salas de teatro de distintos tipos. ¿Hay lucha de clases estilísticas? Hay que entrar al pasillo de Georg Lukács.

/ La muchacha, con la astucia quebrada, escribe apuntalando a mi cuerpo su descripción: “tu boca no es más que un triste flagelo” / Antes de responderle debo decir: El viento que llega del sur trae su estúpida metáfora, y el sur son todos los lugares donde he quemado el futuro, desde donde he suspendido mi existencia. / Pero se nace, el cemento es la semilla suprema, los pilares gruesos de la biblioteca, el románico modo de asentarse en la verdad y su concepto. Pero la mentira tiene su belleza. / Los viernes por la noche poesía en los oídos inquietos. En resumidas cuentas: esto es una novela, te creé como un personaje, has sido beneficiada con ese poder. / Una boca quieta, sí. Los labios cerrados. Ese es mi fenómeno interdicto ante la claridad de los lectores que juzgaran ese modo de cruzar los brazos, desafiando esa clase de metáforas tan absurdas que uno puede decir frente a seres tan inertes: el viento, la luz, el todo, la nada…

Caminar entre 6 a 12 kilómetros al día me está pasando la cuenta. Ahora que escribo esto envidio a R. F. que tiene su diario armado. Dejé de escribir mi diario (el género de los géneros) hace un tiempo. Este blog es un diario. Me está pasando la cuenta. Mis dedos. Debo comprarme otros calcetines. Y otro asiento para la bicicleta. Porque si no es caminar, es bicicleta. Lo importante es moverse. Y necesito ser Franz Kafka.

Ayer le apunté. Dije que Colombia iba a ganar el primer tiempo y que Venezuela lo empataría en el segundo. Lo malo es que Paraguay ganó. Me perdí casi 300 lucas. Individualizarse del mundo, restarse, desaparecer, aparecer en ese mundo de las apuestas, mientras la marihuana hace sus estragos en la belleza literal del mundo contemporáneo, como si estuviésemos condenados al hipismo expresionista. Joaquín Edwards Bello entendería. Está muy fea la gente popular en Chile, sus shorts, sus tatuajes, los completos-italianos, gente sin problemas hormonales, ni genéticos, pero que decide ser gorda en las plazas de armas de Chile.

F-L.

Noviembre. 2011

¿Puedo ser crítico de teatro? Fui a ver Padre, la obra de August Strindberg, con dirección de Alexis Moreno. Por supuesto hay una oportunidad en el hecho de que el guión, a pesar de tener ciento veinte y tantos años, pudiese cobrar un sentido muy actual, actualizando la eterna, la infinita lucha psicológica entre lo femenino y lo masculino, y entre la esfera estética (femenina) y la esfera productiva (masculina) de la vida.

Pero uno se confundía. El diseño de la escenografía, con un tinte claramente arquitectónico posmoderno, minimalista, oriental, con luces tenues. En resumidas cuentas: al principio de la obra se nos anuncia que estamos en 1887, pero por un lado el diseño nos incita a pensarnos a nosotros mismos.

El Padre (Adolfo) usa zapatillas blancas, zapatillas deportivas del siglo XX. Pero la madre usa una vestimenta teñida del XIX. Esto confunde al espectador, pero a la vez incita a la actualización. Es una contaminación peligrosa teñida de sentido. El guión, al respetar el trato oral del XIX, se confunde porque sobre el escenario hay una máquina para hacer ejercicios. El espectador debe, sí o sí, ejercitar constantemente su receptividad psicológica. No hay otra manera de entender esta obra, que parece ser naturalista, pero que si se actualiza se confunde con la amplitud de géneros existentes hasta hoy (básicamente con el teatro de vanguardia).

En cuanto a la actuación: Sólida. Sobre todo Alexandra Von Hummel (Laura) que debe interpretar todas las estrategias femeninas para crear a su hombre, idealizándolo, construyéndolo, quitándole la “locura de la ciencia”, ese campo incierto por el que las personas estructuradas no se atreven a circular. El padre, en este caso, es Virginia Woolf, que quiere ir a la ciudad, explorar la ciencia, lo incierto, alejarse de toda las categorías que impone el campo. La madre prefiere quedarse en el campo, lugar donde maneja su círculo de certidumbre.

Gran rol cumple Tamara Acosta, quien hace de empleada, quien aconseja al padre y lucha contra la madre, a quien considera que tiene objetivos literalmente diabólicos contra el padre.

En resumidas cuentas es un riesgo, es una apuesta -sobre todo escenográfica- actualizar guiones clásicos. Este riesgo, si se decide tomarlo, hay que tomarlo por completo.

Y este último párrafo (para que de verdad parezca un artículo periodístico). La obra estará en escena hasta el 10 de diciembre en el teatro de la Universidad Católica. Mayor información en http://www.teuc.cl/bonnus_padre.htm

F.L.

11-11-11

El sentido de la vida.

Me gustaría tener los diarios de Kafka, terminar de leer mis sociologías y sentarme en la cama a leer esos diarios pensando en la similitud de estos con los diarios novelescos de Vila-Matas. Tengo un amigo en Valparaíso, amante de mi ex novia, que me presentó a su hermana, que viajo hasta la mismísima Praga y en el museo de su casa vendían todos los libros de Kafka en todos los idiomas. Me molesta, siento una rara molestia, un zumbido en la parte estilística de mi cerebro, cuando Kafka es asociado a la escritura automática por parte de los escritores más vetustos. Cuando escribo poemas me gusta seguir este estilo más asociado a los quiebres y avatares semióticos de las artes fotográficas y, más aún, a las artes musicales. Aunque a veces hay una necesaria trama de principio a fin, pero en los quiebres, en los desajustes, en el desbande semiótico es donde se ve el brillo, la esencia monumental del arte (mira qué clase de cosas estoy escribiendo en una oficina pública, ¿no?). ¿Y quién no ha interpretado un texto a su modo?, ¿la mujer que sueña con ser la referida de un eventual poema hacia ella, aunque no sea ella realmente?, ¿el “bandini” que se justifica en una belleza del perder? Buscamos vidas. Buscamos cuerpos. Termino de leer mi sociología y busco mi propio cuerpo en la historia general de los relatos.

Entonces aparece la eterna, la invisible, la amante de Kafka, la Milena Jesenská que muchas desean ser. Si yo fuese mujer me encantaría estar en Chile, y que fuese 1973, o 1983, quien sabe, que las calles tuviesen esa sensación de que todo se va a acabar, pero que tarde o temprano viene la pausa de la vida, que llega esa carta que le da sentido a la vida, esa carta secreta, esa relación amorosa, incluso corporal y sexual, siempre secreta, llevada a cabo epistolarmente, es decir, en el régimen más bello, más humano, más históricamente humanista que puede haber.

Es difícil, acabo de enamorarme de Kafka, y yo que soy tan hombre. El hermano de Max Weber le enseñó a Kafka sociología, quizá por eso puede ver con una sola mirada la increíble felicidad detrás del barro y también la increíble angustia detrás de la riqueza. Y la Milena dice de Franz: “demasiado sabio para vivir, demasiado débil para luchar, de los que se someten al vencedor y acaban por avergonzarlo“. ¿Cómo no identificarse con esas palabras?, ¿cómo no querer ser Kafka?, ¿cómo no ver la vergüenza del vencedor o la vencedora cuando mantienes la vida de una institución cualquiera y ese vencedor o vencedora se cae cada día más de su trono, tratando de eliminar de la memoria colectiva los antiguos lujos innecesarios?

Entre 1920 y 1922 M. y F., o Milena y Franz, se escriben apasionadamente y sólo se ven cinco días de su vida, cuatro en Viena y un dia en Gmünd. Ruego a algún cineasta que realice una película de esos cinco días, de esas pequeñas horas, donde, como se dice ahora, se ha “capitalizado” una belleza sustantiva alimentada de humanidad epistolar. Así el orgasmo general se trabajó durante tantos años para verse un par de días y darle sentido real, y un sentido realmente esencial a ese verbo trivializado hoy del “amante”.

Debí dejar de leer un par de horas a Luhmann, a Marx, a estos científicos sociales para acordarme que existimos en una belleza paralela, que sin ese combustible no funciona el cuerpo, que nada se erecta, que nada se humedece, que el arte por excelencia es la superficie donde lo pensamos, que algunos conciertos para piano, que alguna música de cámara, que algunas pinturas del barroco o del neobarroco (los expresionismos me dan nauseas, me imagino reproducciones en serie vendidas en ferias artesanales), que nada de eso tiene sentido real si no tenemos esa calidad humana para construirnos una vida paralela. Solo así la vida tiene sentido.

F.L.

Noviembre. 2011

Entradas antiguas »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 172 seguidores