Cuando cargo mi tarjeta bip inevitablemente se me cae alguna cosa al suelo: un billete, alguna tarjeta, la billetera. Siento que me veo tan ridículo buscando papelitos mínimos mientras la cajera me espera, mientras la cajera -siempre ansiosa de trabajar- ve a la persona que está detrás de mí, lista para cargar su tarjeta bip con mil pesos.
Debido a que mi oficina no tiene ventanas, llega un momento del día en que me imagino que afuera en la calle ya llego el otoño, con ese maravilloso frío. Pero es verano, es febrero, y hacen 32 grados. Recuerdo a los mineros que estaban bajo tierra. Algún “síndrome” debe existir para esta curiosa sensación de estar ajeno a la calle. En realidad: algún “síndrome” debe existir para una gran cantidad de cosas.
Un resumen de las incoherencias del mundo es que el personal de Recursos Humanos de una empresa no salude a la gente, especialmente a las “personas” de los escalafones más bajos. Un jefe de Recursos Humanos, junto con sus principales asistentes, deberían ser unos “ned flanders” del saludar. Pero estamos en Chile, en el país de las incoherencias sociales casi absolutas, un país donde queda mucho de feudalismo.
Me acuesto a las 2 de la mañana sabiendo que debo levantarme a las 6. Mi teléfono celular se echo a perder. Por lo tanto no tengo alarma. Me doy cuenta que no hay ninguna alarma en mi casa que no sea la de los celulares. Pongo la alarma de la TV, pero caí en la cuenta de que si se cortaba la luz durante la noche eso me podría costar un problema mayor en el trabajo. Puse el reloj gigante de la pared junto a mi almohada. Inevitablemente me veía como un Mr. Bean. Una feroz pelea de perros me despertó a las 4 de la mañana. Salgo al balcón. Vicuña Mackenna desértica. No hay sueño. No hay nadie más en este departamento. No hay nada más que perros vagabundos buscando a la única perra de la noche que está ovulando. Una novia alemana que no deja rastro.
5.50. Ducha de agua caliente. Dejo unos huevos calentando para hacerlos a la copa. 6.00 Tomas Mosciatti en la radio. Mi mejor camisa. Mi mejor pantalón. Poco bálsamo para que se me formen rulos en el pelo. Me compré un paquete de pan de molde para toda la semana. Lo dejo en el refrigerador. Me voy al trabajo. Dejo todo desordenado y siento que el departamento me pide que lo deje desordenado, todos se merecen algún tipo de desorden (qué no lo van a saber los curas pedófilos y las mojas homosexuales, o los niños y las niñas enamoradas de sus mascotas, aún en la naturaleza de su propia historia).
Jefe enojado. Jefe nervioso. Jefe a punto de llorar. Un hombre antiguo. Hay un problema sociológico detrás. Me ocuparé de ello. Veo a la Doctora Cordero en la tele. Bruno dice: “las medias salías de la vieja”. Tiene razón. “¿Has visto a un milico con criterio?, preséntamelo por favor”. La División Social Del Trabajo. Editorial AKAL. Veo los subrayado de cuando lo leí hace ya casi 13 años. Unos subrayados de frases demasiado obvias ahora. La vida nos apura, pero vivo al día. Menos mal que las metas para el Balanced Scorecard de este año son fáciles. La proactividad es importante, pero en el puesto de una secretaria, o en un puesto donde hay un canal de transferencias de información de documentos es el doble de importante. Y ser proactivo no significa para nada ser intelectual. El amor en tiempos de verano no tiene nada que ver con el amor en tiempos de invierno. Los errores de la vida en verano son errores del verano, y en invierno son errores de la vida. Presuponer el tiempo perdido es perder. Lo que quiero cocinar cuando me paguen es chupe de jibia. Colecciono frases para tatuármelas en la espalda. En las oficinas todos van a ocultar su miserabilidad a Cuba, con los agentes de turismo que mas que explicitar la belleza de los lugares explicitan la peligrosidad de la gente, los mandos medios y bajos van a Buenos Aires por su cuenta y se encuentran con el peor calor para experimentarlo. Si todos supieran la gratuidad de las pequeñas cosas de la vida las compañías aéreas quebrarían.
¿Porqué hay restaurantes que sirven una bolsa de té en taza chica? Quizá esta bien para un té de hoja. Pero una bolsa de té en una taza pequeña es irresponsable. Lo flaite no es que te insulten o que te alaben en las redes sociales, lo flaite es hacer teoría de ello, escudándose en una patética y ridícula ciencia. Las ex que se vuelven lesbianas parecen tener una alegría tan artificial, de cualquier manera una artificialidad elegante. ¿Ir a ver a Bob Dylan o a John Zorn? Alguien tiene que tener la certeza de que Pucón, ahora, es muy flaite y el queso filadelfia ya no se usa. Bajé “La ansiedad de Veronika Voss”, no encuentro los subtítulos.
En Aysén se tomaron una comisaria. No sé qué sentido tiene capturar a manifestantes si, en buenas cuentas, es mucho más fácil tomarse los tribunales de justicia. Tiene mucho sentido este punto de vista. Este gobierno que criticó la demora en declarar Estado de Sitio para el terremoto, ahora le toma el peso a tamaña -y nunca fácil- decisión. Por supuesto que nadie quiere que se declare Estado de Excepción Constitucional, pero: ¿El estado de Derecho es el paraíso? Esta dicotomía es algo bien convencional. Los abogados amplían conceptualmente algo que se puede explicar con literatura y que todos saben: nada más ni nada menos que la injusticia. La primera regla para no caer en cólera es saber que estamos perdidos, que alguien nos está engañando, desde los bancos hasta las personas que ahora mismo me están escuchando.
Llamar a todos los servicios con los cuales mantengo una deuda y preguntar, simplemente: “¿cuánto les debo?”. ¿Debo pensar algún tipo de argumento para desaparecer de las redes sociales (es decir, para desaparecer)? Como si la calidad de la vida se midiera por ese gesto: tengo tan poco tiempo. Una ex-novia en la pantalla de una red social o en la bandeja de entrada siempre es solamente una posibilidad, aunque te poste cosas muy explícitamente bonitas y alentadoras. Estoy bajando un set de películas para ver: 500 Days of Summer; La ansiedad de Veronika Voss; Paris, Texas; Pina; La vida de Los Otros; y, en general, muchas de Herzog y del nuevo cine alemán. Muchas cosas de la vida pasan al olvido y nos obligan a vivir el presente. Una relación de desconfianza no es nunca una relación de amor, es como jugar al poker: escondo mis verdades, escondes tú las suyas, mientras el día a día nos muestra si avanzamos o retrocedemos.
Podríamos hacernos, junto a c., unos acérrimos fans del Athletic del Bilbao, más allá del Dr. Bielsa. Estos pasajes, estos tropos, cobran sentido a semanas del otoño. En el otoño ya seremos unos ciudadanos y el amor será tan rudimentario, con horarios, días y situaciones estructuralmente definidos para los orgasmos. Me gustaría ir a Bilbao. Escuchar Song of Bilbao de Pat Metheny. Visitar Bilbao por fines seria arquitectonicos y futbolisticos seria ideal.
Sigo pensando en las omisiones, en las autocensuras, medidas siempre con la vara de la razón y del miedo. Me voy a disfrazar de hippie. Voy a usar algunas pulseras. Las gratuidades de la vida. Me estoy haciendo adicto a almorzar solo vegetales y a tomar té todo el día: yo me las arreglo con té. La montaña es (siempre) la montaña. Con 30 flexiones de brazos seguidas me cagué la espalda. ¿Será un buen atributo tener la piel suavecita? Tengo ansiedad de pepino con crema de yougurt, acompañando a un buen chupe de jibia.
